El espejo
- Chesterton Gilbert K.
- 3 sept 2023
- 1 Min. de lectura
Actualizado: 24 sept 2023

Escrutar un espejo es, sin duda, un acto poético y fascinante. Bien lo sabía Lewis Carrol. Pero lo que jamás ha de hacerse es mirar un espejo con el objeto de mirarse a uno mismo. Uno es, más bien, tan sólo un irritante obstáculo ante esa puerta mágica. Alicia no se asomó al espejo para encontrar a Alicia. Trató de ver a través de aquella extraña puerta y se sintió atraída por aquellas extrañas ventanas que abrían hacia fuera por doquier en aquel mundo radiante y silencioso: mágicos ventanales abiertos a la espuma de peligrosos mares del país de las hadas. Decorado y perspectivas justifican la mirada al espejo del artista, pues poseen una apariencia sobrenatural, inconsciente u extraña, como si formaran parte de ese otro mundo al cual sólo pertenecemos a medias. Pero un artista jamás debería tratar de encontrarse a sí mismo en el hombre del espejo; pues por muy sigilosamente que observe o por muy ágilmente que salte, jamás logrará sorprenderlo en un descuido. Imagino que muchos de nosotros habremos descubierto las persona- lidades más fuertes en hombres que ni siquiera saben que poseen una personalidad. Las aguas que manan se esparcen a un lado y a otro derra- mándose por toda la tierra. Sólo las aguas que caen giran hacia dentro, hacia su propio eje, en las espirales del remolino. Sin embargo, las más peligrosas de todas las aguas, aún peores que el remolino o la crecida, son aquellas que, al detenerse por un instante, pueden reflejar el rostro de un hombre.
Chesterton Gilbert K. (1874-1936), Lectura y locura y otros ensayos imprescindibles. Ediciones de Espuela de Plata, España, 2008.


