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Historia de la imagen perdida en el espejo

  • Ernst Theodor Amadeus Hoffmann
  • 3 sept 2023
  • 1 Min. de lectura

Actualizado: 24 sept 2023




Estaban de pie ante el hermoso espejo colgado en la pared del gabinete a cuyos lados ardían claras velas. Más apasionadamente estrechó a Erasmo contra su pecho mientras le susurraba: “¡Déjame tu reflejo, amado mío; que sea él eternamente mío, para siempre!” “¡Giulietta!”, exclamó Erasmo sorprendido, “¿cómo se te ocurre? ¿Mi reflejo?” Al decir esto miró el espejo que lo reflejaba a él y a Giulietta en amoroso abrazo. “¿Cómo podrías retener mi reflejo”, continuó, “que me acompaña a todas partes y me sale al encuentro desde el agua clara o desde cualquier superficie bruñida?” “¿Ni siquiera vas a concederme ese sueño de tu yo que brilla en el espejo? ¿Y querías ser mío de cuerpo y alma?”, le reprochó Giulietta. “¿Ni siquiera tu imagen errante ha de quedarse conmigo y acompañarme en esta vida sin amor y sin placer que habrá de rodearme cuando te hayas ido?” Lágrimas ardientes brotaron de los bellos ojos oscuros de Giulietta. Entonces Erasmo, en el delirio de su dolor innombrable, exclamó: “¿Tengo que alejarme de ti? Si tengo que hacerlo, que mi reflejo quede eternamente contigo. Que ningún poder extraño, ni el mismo diablo, pueda arrebatártelo hasta que me tengas a mí mismo en cuerpo y alma”.


Ernst Theodor Amadeus Hoffmann (1776-1822), La aventura de la noche de San Silvestre, digitalizado por www.librodot.com.

 
 

paula pochettino

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